A fines de los noventa y principio del nuevo siglo, cuando el
neoliberalismo hacía estragos en los hogares de los trabajadores
argentinos, se empezaba a pergeñar insistentemente el proyecto de
municipalización de la educación pública. Ya a comienzos de la década
infame menemista, la nación le había tirado por la cabeza las escuelas a
las provincias bajo el paragua perverso de la ley federal de educación,
pergeñada por algunos cerebros de FLACSO como Tedesco, Decibe, Filmus,
entre otros- hoy muchos de ellos
“intelectuales orgánicos” del Kirchnerismo.

Fuimos los docentes unidos y organizados los que salimos a las calles
a pelear contra la ley federal en general y particularmente contra
cualquier intento de municipalización, tal como lo exigía el banco
mundial quien era en verdad el verdadero ideólogo del desguace de la
educación pública argentina.
Ya en los dos mil el economista que designó De la Rúa en
Educación-Juan Llach- pregonaba la municipalización acompañada de
proyectos privatizadores como las escuelas chárter o los Boucher
escolares.
Gracias a la lucha y militancia de los trabajadores de la educación-
carpa blanca mediante, paros y movilizaciones- el proyecto de
destrucción de la escuela pública cayó, o mejor dicho fue guardado en un
cajón, lo que nos debe mantener atentos y expectante con la guardia
alta.
Hoy se vuelve a hablar de municipalización, en este caso el mensaje
está dirigido a palear el flagelo de la inseguridad. El abanderado de la
policía municipal no es otros que el chico mimado de los nostálgicos de
los noventas y como diría el gobierno también de la
“corpo mediática”, es decir, el intendente de Tigre y candidato ganador de las PASO Sergio Massa.
La incapacidad de la dirigencia política bonaerense fundamentalmente y
el desconcierto de los intendentes, quienes son en definitiva los que
sufren los palos ciudadanos, han hecho que la idea empiece a prender sin
distinguir fronteras políticas. Massistas, kirchnerista, opositores
duros y blandos y municipalitas K ,como el intendente Cáffaro han
empezado a esbozar, la
“necesidad” de la creación de la policía municipal.
Primeramente se crearon las guardias urbanas, émulas de aquellos
vigías de la comunidad que en los comienzos de la democracia intentó
promover el intendente de Morón Juan Carlos Roussellot, sin éxito ya que
estos vigías fueron rechazados en aquella oportunidad por todas las
fuerzas democráticas del país y los organismos de derechos humanos.
Hoy en día las DPU reivindican al ex locutor de sonrisa amplia, ex
Triple A, ex menemista y que terminó preso por los negociados con las
cloacas en su Morón querido.
Las DPU han demostrado ser más ineficaces que eficaces, han aumentado
el gasto público y los negocios de las cámaras, garitas etc., sin haber
obtenido los resultados deseados, gasto que podría haberse usado para
otros fines, como educación, salud, cultura, prevención.
Eso sí, para algunos la inseguridad ha sido y es un gran negocio. En
nuestra ciudad particularmente ha sido inoperante la DPU, los
funcionarios a cargo han demostrado una ignorancia supina sobre el tema,
fue rosada por episodios no claros y que con el correr del tiempo no
han tenido respuestas.
Concejales, vecinos victimas, vecinos indignados y oportunistas de
diversa laya hablan de inseguridad demostrando que en verdad no saben
que hacer.
Ahora el intendente Osvaldo Cáffaro, resentido quizás por la
estruendosa derrota de su fuerza vecinal, se suma a las voces que apoyan
la creación de la policía municipal, sin analizar probablemente con
profundidad y acuciado quizás por la urgencia electoral que le impone
dar respuesta.
Un tema como el de la policía municipal debería ser debatido por la
comunidad toda, sin apasionamientos sesgados o posicionamientos
mezquinos.
Todo proyecto de descentralización administrativa y burocrática es
interesante, cuando quien escribe esta nota fue consejero escolar
participó de un cuerpo que le dio el manejo del plan alimentario a las
escuelas, pero hay una diferencia abismal entre descentralizar comedores
escolares que hacerlo con la seguridad pública.
El riesgo es que en una provincia donde las desigualdades entre los
municipios son más que notorias, la seguridad también sea desigual; es
decir que tengamos policías de primera y de segunda, policías para
municipios ricos y policías para municipios pobres y que algún iluminado
como aquel Juan Llach intente idear las policías Boucher, un disparate
absoluto sino fuera que ya sé quiso hacer con la educación.
Debatamos con seriedad, un tema por el que ya se nos fueron muchas vidas.